Una historia de zombis

Aunque las historias sobre muertos que se alzan de sus tumbas se pierden en las noche de los tiempos, tanto etnólogos como historiadores han llegado a la conclusión de que el término zombi emana directamente del arquetipo haitiano, y en su génesis, este está íntimamente relacionado con la esclavitud y la opresión dentro del propio Haití.​

En el año 1697 se dio la primera aparición significativa del concepto y la palabra zombi, dentro de la novela autobiográfica de Pierre-Corneille de Blessebois, Le Zombi du Grand Pérou, ou La comtesse de Cocagne.​ Dentro de esta innovadora novela, la figura del zombi resulta muy ambigua y se refiere principalmente a una entidad incorpórea.​ También en el siglo XIX, el visitador y ministro residente en Haití Spenser St. John contaba a sus amistades británicas cuentos de canibalismo y vudú que incluían la ingesta de infantes y la exhumación de cadáveres como parte de ciertos rituales.​

Existe una clara conexión entre el esclavo y la figura del zombi ha sido anotada por varios estudiosos del tema;​ generalmente se comparan características como los hábitos de comida, la ropa rasgada, la transición hacia la esclavitud marcada por el bautismo o la asignación de un nuevo nombre, la pérdida de toda relación con el ser que se era antes de la esclavitud, la muerte social, ausencia de un rito funeral luego de la muerte y por tanto, la figura del zombi en Haití también pudo haber surgido como receptáculo o representación del miedo que causaban la esclavitud y sus consecuencias dentro de la isla,​ incluso se le ha relacionado, en su origen, con el mesmerismo. Se ha argumentado también que el concepto de zombi proliferó (sobre todo a principios del siglo XX, y principalmente en Norteamérica), gracias al contexto de explotación y denigración en Haití, debido a que productos culturales como el libro The Magic Island (1929) de William Seabrook o la película The White Zombie (1932) de Victor Halperin pudieron haber ayudado a justificar (en la opinión pública norteamericana) la intervención política y militar de los Estados Unidos de América (entre 1915 y 1934) en una isla considerada “barbárica”.​

Es importante mencionar también que el concepto de zombi en Haití está fuertemente anclado a la creencia del alma dual, y esta forma de concebir el alma ya estaba presente dentro de algunas religiones africanas (en Benín, Camerún, Ghana, Nigeria, Togo, Tanzania, y Zaire, por ejemplo). Por lo tanto es importante, a la hora de discutir los orígenes del concepto de zombi’, tener en cuenta la significativa relación que guarda la religión vudú con algunas de las religiones africanas y que conocemos a través de la literatura y los diarios de viajero, la figura del zombi pasó a ser parte de la cultura popular mundial, pero se puede decir que “desde sus primeras apariciones en la literatura, la palabra zombi ya estaba relacionada con el luto, la muerte y la esclavitud».

Historias sobre zombis hay muchas y muy buenas, empezando por las historias de Max Brooks con su famosa Guia de Supervivencia y Guerra Mundial Z y muchos otros autores, algunos de ellos españoles; que tan buenas horas de lectura nos han dado. Fueron esas horas de lectura las que me animaron a escribir un relato propio sobre el género, pero ¿qué contar sobre algo que tiene tanta bibliografía detrás? Sin duda era un reto ser original y desde luego no quería sacar una novela más. Ya me aventuré en 2013 en la novela de la Plaga Oscura de Las Crónicas de Aqueron a tratar el tema en una realidad paralela, en un  Londres del siglo XIX, pero quería algo más, quería una novela al estilo de esa Guerra Mundial Z icono del género, pero ambientado en la España de nuestros días y en un momento posterior a esa guerra distópica que ha asolado el mundo y más concretamente Europa y producto de ese ejercicio escribí La Conjura Z.

La Conjura Z está ambientada en un futuro aterrador. La escena se sitúa en un Madrid en ruinas, tras los últimos coletazos de una guerra mundial zombi. En ese escenario se sitúa Caronte, un misterioso prisionero amnésico que encierra un increíble secreto hundido en las profundidades lóbregas y oscuras de su mente, destrozada por el dolor, la culpa y una terrible lucha que ha pasado una factura demasiado cara al género humano.

Aquí el marco zombi es solo un aderezo para escribir una novela negra y es eso, lo que en mi opinión hace más atractiva a la historia. El horror, la pesadilla zombi está por todas partes, se percibe, impregna las escenas pero a la vez permanece oculta, escondida y al acecho, entre las sombras. Esperando su momento para abalanzarse sobre el lector y desgarrarle las vísceras.

Como todos nuestros hijos y todas mis novelas en cierta forma son eso, hijos, La Conjura Z tiene un rincón de honor en mi corazón. Un rincón del que me siento especialmente satisfecho y que espero satisfaga al lector.

 

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