La Caricia del Diablo: Serás la presa de tu propio deseo

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La Caricia del Diablo; “Estoy muerta amor mío… Todos lo estamos… – Dejó escapar una carcajada demoníaca – Lo que ocurre es que algunos todavía no lo saben.”

Autor: Sergio Tapia

Toda buena chica merece un tipo malvado… ¿o tal vez no?  Los recuerdos y los cadáveres apilados pueden jugarnos malas pasadas, pero sobre todo, las promesas.

Esta es una historia oscura, sucia y está salpicada por la sangre de los inocentes. No puedes huir de tus promesas, no puedes huir de tus fantasmas, no puedes renunciar a tu alma; Un relicario ensangrentado, los misterios del Sacromonte y una aldea abandonada en el páramo alavés, son las piezas de este rompecabezas.

Una investigación que conducirá a su protagonista por un laberinto de secretos, magia negra, sexo y sangre; entre Madrid y Granada.

La Caricia del Diablo es una historia absolutamente adictiva y original.

El Misticismo del Sacromonte

La Caricia del Diablo, parte con una base mística casi infinita, la de la mítica Granada y su renombrado Sacromonte, origen de múltiples leyendas y mitos que según se cuenta, la caída del Reino Nazarí provocó la huida de los nobles árabes, escondiendo sus tesoros en el Monte de Valparaíso de Granada por miedo a robos durante el viaje. Sus esclavos fueron liberados y buscaron la fortuna de sus señores. Aunque no encontraron nada, sus excavaciones les sirvieron de refugio en lo que hoy son las pintorescas cuevas que dan fama al Sacromonte. Los gitanos también se asentaron en el lugar, practicando rituales para dar con el paradero de tan suculento tesoro. Si permanece allí escondido es todo un misterio…

Otros mitos nos hablan de la leyenda que tras la Reconquista de Granada por los Reyes Católicos fueron muchos los nobles árabes que emprendieron el camino del exilio hacia tierras africanas. Llevaban en su corazón a la ciudad de sus padres y de sus abuelos, la que los vio nacer a ellos y a sus hijos, la ciudad a la que algún día esperaban volver.

Temerosos éstos de que en el trayecto hacia los puertos de Almuñécar o Almería -donde se embarcaban-, les robaran sus fortunas los salteadores de caminos -grupos de soldados renegados de los ejércitos cristianos-, escondieron grandes tesoros entre los olivos que un día poblaron este monte.

Acontecieron paralelamente a estos hechos otros, en los que se les dio libertad a muchos esclavos de estas familias de nobles árabes, pues les resultaba muy costoso realizar su peregrinaje con un gran séquito. Muchos de estos esclavos -que eran de raza negra– conocedores de las idas y venidas de sus señores al monte de Valparaíso (que así se llamaba entonces), de los miedos y pensamientos de éstos, escuchados en más de una conversación entre ellos, organizaban sus estratagemas. Recuperada su libertad y sin oficio ni pertenencias, decidieron subir al monte y recuperar para sí los tesoros de los que antaño fueran sus señores.

Excavaron y excavaron en las laderas de este barranco sin éxito conocido, y extenuados por el esfuerzo y sin ningún otro lugar donde cobijarse, lo hicieron en estos huecos, que posteriormente acondicionaron dando lugar a las cuevas que convirtieron en sus hogares. De ahí proviene el nombre de “Barranco de los Negros”, al ser sus primeros moradores de esta raza.

Posteriormente, y ya mezclados con los moradores de etnia gitana, realizaron más de un sortilegio en busca del lugar exacto donde estuvieran escondidos los tesoros. Siendo conocidos los quehaceres misteriosos de alguna vieja hechicera “ferminibí” que hablando unas veces con el agua y otras con el fuego, o mirando sin pestañear una palangana de agua, intentaba conseguir algunas pistas con las que hallar los tesoros perdidos, de los que en la actualidad se desconoce si fueron descubiertos por alguno de aquellos buscadores, que en secreto se los apropiaron, o si siguen escondidos aquí en cualquier lugar cercano.

 

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