Indomitus

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Indomitus; No es el filo de las espadas, son los corazones que las empuñan los que alcanzan la victoria.

Autor: Sergio Tapia

Durante siglos los dioses han guardado a las gentes de Hispania, pero es ahora, en el mayor momento de necesidad cuando una espada es entregada al heredero de antiguo linaje.
Es hora de que los diferentes pueblos de Hispania se unan contra un terrible y sangriento invasor, es hora de que un hombre los lideré a la victoria y se forje su leyenda. Los hijos de Roma temerán pronunciar su nombre y durante generaciones, pronunciarlo significará libertad.


Esta, es una historia de guerras y traiciones, de lealtades insobornables e historias de amor imposibles.

Durante las guerras celtíberas, los enfrentamientos bélicos producidos a lo largo de los siglos III y II a. C. entre la República romana y los distintos pueblos celtíberos que habitaban la península Iberica probocan una malgama de refriegas, enfrentamientos y gestas épicas.
Viriato fue recogido en las fuentes romanas como el líder de la tribu de los lusitanos, que hizo frente a la expansión de Roma en Hispania a mediados del siglo II a. C. en el territorio suroccidental de la península ibérica.

Esta es la historia de la resistencia, de una familia, de los dioses, de su magia y de una espada mítica. Esta es la historia de Indomitus.

—Apiano, Guerras Extranjeras, «Guerras en Hispania». Se hace referencia a la victoria frente a Cayo Vetilio en Tribola

Un poco de historia

Viriato  fue un líder de la tribu de los lusitanos, que hizo frente a la expansión de Roma en Hispania a mediados del siglo II a. C. en el territorio suroccidental de la península ibérica, dentro de las llamadas guerras lusitanas.

Su posición al frente de los lusitanos tenía al parecer una naturaleza electiva, es decir, no era hereditaria, sino que se debía a los éxitos militares del caudillo.​

Dispuso a sus tropas en línea de batalla como si pretendiera combatir, pero les dio órdenes de dispersarse tan pronto como montara a su caballo, alejándose de la ciudad de Tribola por distintas rutas, y le esperaran allí. (…) eligió a mil hombres de su confianza y combatió todo el día a los romanos, atacando y retrocediendo gracias a sus rápidos caballos. Tan pronto como conjeturó que su ejército se hallaba a suficiente distancia y a salvo, huyó, salvando así a sus hombres de una situación desesperada.

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