El Heraldo de Castilla

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El Heraldo de Castilla

Hispania, siglo XI; Sangra por tu rey, ¡lucha por tu destino


Autor: Sergio Tapia

Primera entrega de la duología épica de la “Mora Encantada“, que seguirá con la novela “La Princesa Mora“.

Tras la conquista de la Sierra de Altomira, en la Baja Alcarria, las huestes castellanas se lanzan a una cruzada para garantizar la salvaguarda de la Fortaleza de Zorita, una nueva plaza conquistada al enemigo infiel.
Este territorio de frontera entre la España musulmana y la cristiana queda comandada por el caballero Don Alvar Fáñez, antiguo lugarteniente de El Cid, convirtiéndose muy pronto en el eje de la guerra entre el Emir de la ciudad de Iuliana y los caballeros de la cruzada castellana.
Entre celadas, duelos e intrigas, un joven caballero llamado Rodrigo se encontrará con la hija del Emir, desatándose así, las sospechas y traiciones que precipitarán los acontecimientos hacia un incierto final, sellado por un amor prohibido.

Un poco de historia

Los primeros indicios de la actual ciudad de Guadalajara datan del siglo VIII, como una ciudad amurallada de la cora de Santaveria, en la Marca Media andalusí, llamada madīnat al-Faray, a orillas del wād al-ḥaŷara, actual río Henares y que poco después cedería el nombre a la ciudad.​ Desde entonces se empieza a configurar una ciudad alargada en un cerro sobre el río, que llegaría a convertirse en una ciudad fortaleza cuando se concluyó en el siglo IX el alcázar.​ Durante este período, Guadalajara es testigo de las disputas por el poder de los clanes bereberes Banu Salim y los muladíes Banu Qasi. Hacia el 862 el ejército de Musa ibn Musa sitia la ciudad y asalta el alcázar, donde se alojaba su yerno Izraq ibn Muntil, por hacerse con el control de Guadalajara. Musa cae herido en la batalla y muere en su posterior llegada a Tudela.

El califa Abd al-Rahman III visitó la ciudad con asiduidad y utilizó el alcázar como base militar por ser lugar de paso hacia las batallas con los reinos cristianos del norte de la península ibérica. En 920, durante la campaña de Muez, Abd al-Rahman III utiliza el alcázar como base de operaciones para planear las estrategias de las batallas.

 

 

 

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