Al Amanecer

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Al Amanecer; La Venganza de Lilith

Autor: Sergio Tapia

Madrid – España. Año 1999

El Secreto de los Malditos nos muestra un mundo oculto, sobrenatural y tenebroso late debajo de todos nosotros. Un mundo habitado por seres de oscuridad sedientos de sangre.
León es un tratante de antigüedades, que sin quererlo, se ve sumergido poco a poco, en una trama que comenzó miles de años atrás, en las cálidas y enigmáticas arenas de los desiertos de Jordania.

Lilith la Madre Oscura de los Condenados

A través de una historia palpitante, sus descubrimientos le conducirán a las fauces de los monstruos y al encuentro con la dama oscura, la madre de todos los condenados, empujándole inexorablemente hacia el más terrible de los secretos. Aunque el precio por el conocimiento oscuro siempre debe ser alto y no todo el mundo está dispuesto a pagarlo.

Vampiros y Mitos Mesopotámicos

El Secreto de los Malditos nos habla de Lilith, que es una figura legendaria del folclore judío, de origen mesopotámico. Se le considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva. Según la leyenda (que no aparece en la Biblia), abandonó el Edén por propia iniciativa y se instaló junto al mar Rojo, uniéndose allí con Samael o Satanás, que llegó a ser su amante, y con otros demonios. Más tarde, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y se une a los hombres como un súcubo, engendrando hijos (los lilim) con el semen que los varones derraman involuntariamente cuando están durmiendo (polución nocturna). Se le representa con el aspecto de una mujer muy hermosa, a veces alada.

Al igual que en la novela Al Amanecer, es probable que el mito del vampiro en el folclore de muchas culturas desde tiempos inmemoriales, provenga inicialmente de la necesidad de personificar la “sombra”, uno de los arquetipos primordiales en el inconsciente colectivo, según la conceptualización de Carl Gustav Jung, y que representa los instintos o impulsos humanos reprimidos más primitivos. Así, sería la encarnación del mal como entidad y una representación del lado salvaje del hombre o de su atavismo bestial, latente en su sistema límbico y en conflicto permanente con las normas sociales y religiosas.

Aún así, el mito tal como es conocido en nuestros días proviene, además del citado temor a los bajos instintos, de una compleja combinación de varias supersticiones, entre las que se incluyen las creencias sobre la sangre (a la que se atribuye el ser fuente de poder o vehículo del alma); el temor a la depredación, a la enfermedad y a la muerte (de la cual la expresión más palpable es el cadáver), así como fascinación temerosa por la inmortalidad y el instinto de supervivencia.

Algunos estudiosos sugieren que el mito del vampiro, sobre todo el que se popularizó en Europa después del siglo XVII, se debe en parte a la necesidad de explicar, en un contexto de pánico colectivo, las epidemias causadas por enfermedades reales que asolaron Europa, antes de que la ciencia lograra explicarlas racionalmente.

Vampiros en la Literatura

El Secreto de los Malditos es una novela de vampiros sin duda y los rasgos del vampiro literario han evolucionado a partir de los repulsivos monstruos del folclore popular, criaturas bestiales y de rasgos desagradables, sujetos a extrañas limitaciones y con comportamiento depredador, que se trata de simples cadáveres animados. La tez de estos vampiros suele ser rojiza e hinchada, sobre todo después de haber bebido sangre.

A partir del siglo XIX el vampiro tiende a humanizarse, adquiriendo la figura de un aristócrata pálido, romántico, elegante y de un atractivo sexual ambiguo y en ocasiones trasgresor. Como los vampiros del folclore los vampiros románticos necesitan beber sangre y no necesitan comida, agua ni oxígeno. En ocasiones son por completo incapaces de comer comida humana. Estos vampiros adoptan y fingen comportamientos humanos, para camuflarse entre sus potenciales víctimas y evitando ser descubiertos. No obstante, tanto vampiros folclóricos como literarios suelen ser afectados por las mismas limitaciones como símbolos religiosos, ajo, estacas, etc. En los primeros relatos, y desapareciendo progresivamente, suele aparecer cierta influencia lunar, que permanece en los límites temporales de actividad de los vampiros. Aunque con excepciones, por lo general se trata de criaturas con hábitos nocturnos.

Drácula ha sido el principal referente para establecer los rasgos vampíricos tradicionales: el vampiro de esta novela puede cambiar de forma a voluntad (lobo, murciélago, polvo y niebla), también puede trepar sobre superficies verticales como los muros de su castillo como un lagarto. Otro rasgo muy extendido e introducido por Stoker es la incapacidad del vampiro para reflejarse en los espejos, que no se encuentra en el folclore. Drácula también tiene dientes afilados y sus labios son especialmente rojos. Aunque todo esto va cambiando con cada autor.

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